Después de la espera, los antiguos fieles intentaron alzarse contra el creador del universo que habitaban, el universo de los relatos. Tras este incidente, el Dios decidió escuchar sus plegarias y obrar el milagro. Así pues ejerció su poder.
![[Image: giphy.gif]](https://media.giphy.com/media/5vQYBeb9aZ5eM/giphy.gif)
y empezó a publicar:
Las inclinadas colinas que conducían hasta la playa, donde habían desembarcado, olían a sangre y pólvora, el fuego devoraba el bambú que se amontonaba por toda la espesura. Desde el sur llegaba el sonido de la lucha sin cuartel, un jaleo ensordecedor agitaba los pocos manglares que aún quedaban en pie.
El enemigo les cercó inmediatamente. sorprendiendo tras el vasto follaje que resistía al ardor que ganaba terreno como si del cauce de un río se tratara.
La cabo Watson percibió un aliento cálido en la nuca. - ¡No te levantes! – le susurró al oído. - ¡Qué no te levantes! –
Comenzó a llover. El silbido de las balas enemigas penetraba en su mente como el Bowie de su padre en los jabalíes que solían cazar. - ¡No te levantes! – Miedo. Los gritos se oían cada vez más cercanos. Las piernas le temblaban. Inmovilizada por un miedo que le revuelve en su interior.
El chasquido del barro provocado por las pisadas, los violentos golpes que sacudían la tierra, los casquillos revoloteando a su alrededor. La agonía de los caídos. - ¡Abajo! -
El rastro se aleja. Solo escucha agua corriendo colina abajo. El aire vuelve a sus pulmones. Un día más.
- De las profundidades de la gran grieta nacieron sus hijos, abruptos y deformes como su madre, de piel grisácea, extremidades retorcidas y ojos manchados por la ceguera, buscando un pecho al que agarrarse. A esos hijos los llamamos Arrogancia, Injusticia y Crueldad, conforme a sus cualidades. Los hijos engendraron su prole y llenaron los rincones de la tierra, ocultando tras falsos portes la maldad innata, el pecado original, bajo el que habían sido concebidos. Su estirpe coronó las cimas más altas, se enquistó en los tronos de los poderosos y el horror de la tiranía se extendió por los corazones de los hombres piadosos que quedaban.
- ¿No hubo ningún hijo virtuoso, Padre?
- Sí, las escrituras cuentan que hubo un hijo, el último, que tuvo ansia de expiar sus pecados.
- ¿Por qué no regresó entre los hombres? ¿Pecó de guardar su celo antes que ayudarnos?
- Si a un ángel le arrancases las alas de cuajo, y no pudiese cerrar sus heridas, ¿qué crees que haría? ¿Intentar arrastrarse hacia el cielo, con la humillación de volver así, o arrastrarse de incógnito entre el resto de mortales?
- ¿Entonces cuál fue su tara, Padre?
- La misma que la nuestra, Hijo. Haber nacido tan humano, que temía a su misma especie.
El tren estaba más vacío de lo que solía ser habitual. Hoy no eran las personas, sino el silencio el que se apelotonaba en los asientos para solo quebrarse por los aleatorios aullidos del metal que lo llevaba entre la espesura del túnel. Pensé si no sería quizá yo, gritando sin pretenderlo. Si no sería el vagón mi cuerpo, y el mundo un largo túnel de metro. ¿Y no será la próxima estación una prolongación de esta oscuridad? ¿Y si no hay más que viaje sin destino? Entonces comprendí la desesperación del hierro que me llevaba, sin remedio, al final de mi trayecto. Él era yo, y ambos éramos incapaces de salirnos de la vía, de comprobar la solidez de la negrura, de buscar una puerta en el muro.
Las puertas se abrieron y nadie entró. Ni yo quise jamás salir.
Quitado a petición de su legitima dueña.
PD: Quisiera informar que, en las normas puse 200 palabras. Todos lo habéis respetado, salvo una persona que se ha pasado por poco. Dejo a decisión de los lectores el penalizar a esta obra, o no.
Que empiecen las votaciones. A repartir 4 puntos entre los relatos que prefiráis, como deseeis distribuir los puntos es cosa vuestra, no tenéis porque gastarlos todos.
Disfrutad.
![[Image: giphy.gif]](https://media.giphy.com/media/5vQYBeb9aZ5eM/giphy.gif)
y empezó a publicar:
Relato 1:
Las inclinadas colinas que conducían hasta la playa, donde habían desembarcado, olían a sangre y pólvora, el fuego devoraba el bambú que se amontonaba por toda la espesura. Desde el sur llegaba el sonido de la lucha sin cuartel, un jaleo ensordecedor agitaba los pocos manglares que aún quedaban en pie.
El enemigo les cercó inmediatamente. sorprendiendo tras el vasto follaje que resistía al ardor que ganaba terreno como si del cauce de un río se tratara.
La cabo Watson percibió un aliento cálido en la nuca. - ¡No te levantes! – le susurró al oído. - ¡Qué no te levantes! –
Comenzó a llover. El silbido de las balas enemigas penetraba en su mente como el Bowie de su padre en los jabalíes que solían cazar. - ¡No te levantes! – Miedo. Los gritos se oían cada vez más cercanos. Las piernas le temblaban. Inmovilizada por un miedo que le revuelve en su interior.
El chasquido del barro provocado por las pisadas, los violentos golpes que sacudían la tierra, los casquillos revoloteando a su alrededor. La agonía de los caídos. - ¡Abajo! -
El rastro se aleja. Solo escucha agua corriendo colina abajo. El aire vuelve a sus pulmones. Un día más.
Relato 2:
- De las profundidades de la gran grieta nacieron sus hijos, abruptos y deformes como su madre, de piel grisácea, extremidades retorcidas y ojos manchados por la ceguera, buscando un pecho al que agarrarse. A esos hijos los llamamos Arrogancia, Injusticia y Crueldad, conforme a sus cualidades. Los hijos engendraron su prole y llenaron los rincones de la tierra, ocultando tras falsos portes la maldad innata, el pecado original, bajo el que habían sido concebidos. Su estirpe coronó las cimas más altas, se enquistó en los tronos de los poderosos y el horror de la tiranía se extendió por los corazones de los hombres piadosos que quedaban.
- ¿No hubo ningún hijo virtuoso, Padre?
- Sí, las escrituras cuentan que hubo un hijo, el último, que tuvo ansia de expiar sus pecados.
- ¿Por qué no regresó entre los hombres? ¿Pecó de guardar su celo antes que ayudarnos?
- Si a un ángel le arrancases las alas de cuajo, y no pudiese cerrar sus heridas, ¿qué crees que haría? ¿Intentar arrastrarse hacia el cielo, con la humillación de volver así, o arrastrarse de incógnito entre el resto de mortales?
- ¿Entonces cuál fue su tara, Padre?
- La misma que la nuestra, Hijo. Haber nacido tan humano, que temía a su misma especie.
Relato 3:
El tren estaba más vacío de lo que solía ser habitual. Hoy no eran las personas, sino el silencio el que se apelotonaba en los asientos para solo quebrarse por los aleatorios aullidos del metal que lo llevaba entre la espesura del túnel. Pensé si no sería quizá yo, gritando sin pretenderlo. Si no sería el vagón mi cuerpo, y el mundo un largo túnel de metro. ¿Y no será la próxima estación una prolongación de esta oscuridad? ¿Y si no hay más que viaje sin destino? Entonces comprendí la desesperación del hierro que me llevaba, sin remedio, al final de mi trayecto. Él era yo, y ambos éramos incapaces de salirnos de la vía, de comprobar la solidez de la negrura, de buscar una puerta en el muro.
Las puertas se abrieron y nadie entró. Ni yo quise jamás salir.
Relato 4:
Quitado a petición de su legitima dueña.
Relato 5:
Pues no. Ahí sigue, como si me mirase. Ya van dos días y solo ha cambiado de color, pero parece más grande. Dios mío, ¿qué es? ¿Cómo va a no ser nada? Si lo estoy viendo. Y no hago más que taparlo, pero lo sigo viendo. Como si me llamara desde dentro, como trepando en mi linfa, mis nervios. Está ahí, luchando por salir y destrozarme la vida en el triunfo. Lo noto, quebrando a su paso los huesos amarillos en el más absoluto silencio. Fingiéndose oculto, jugando a asomarse en los vértigos, el pulso frío por debajo de la piel, el hilo agudo que no existe y no se va. “Nada, nada” pero yo me estoy muriendo solo. Nada es lo que quedará cuando mi masa informe, bulbosa y seborreica manche el sofá y asuste a mis hijos. Dios quiera que pase rápido porque si no me mataré yo. No recuerdo ni qué dijeron, tienen un insulto para todo pero mi tormento no está escrito en sus libros. Esperanza mía y castillo mío, mi Dios, en quien confío. Tú me librarás del lazo del cazador, de la peste destructora.
Relato 6:
La Garganta Estigia
Suenan violines en escala frigia.
¿De dónde provienen?
Las pulsaciones nerviosas del oído en un entorno de aislamiento sensorial completo suele producir melodías fantasmas.
La celda está impoluta, pero su hermetismo es angustioso.
Necesito salir, pero no me dejarán.
Todo depende de la firma de un médico, que me observa desde una cámara panóptica.
Las horas se desvanecen como castillos de arena barridos por las olas.
Escucho fuertes golpes.
Las paredes retumban.
El techo parece se mueve como esperma de megalodonte en una poza de agua totalmente transparente.
Embelesamiento.
El suelo se abre en dos y salgo de la abstracción.
–¡Mierda! –comienzo a gritar–, ¡socorro, que alguien me saque de aquí!
Una boca de simetría octogonal repleta de dientes, semejantes a aguijones de escorpión prehistórico, surge de las profundidades entre encías de ámbar negro. Rezuma un líquido viscoso y resbaladizo.
–¡Socorro, joder! –nadie contesta.
Tentáculo o lengua, no lo sé, pero acaba de agarrarme y tira hacia ese cono infinito.
Asfixia, sólo puedo contemplar ese futuro inmediato.
Me precipito.
No hay vuelta atrás.
–¡HIJOS DE PUTA! –y de la nada aparecen tres espectros acromáticos.
Uno de ellos mece el cuerpo decapitado del monito de Kubin.
–Pinchadle, ya son las seis –dice uno de ellos.
Y todo desaparece.
¿De dónde provienen?
Las pulsaciones nerviosas del oído en un entorno de aislamiento sensorial completo suele producir melodías fantasmas.
La celda está impoluta, pero su hermetismo es angustioso.
Necesito salir, pero no me dejarán.
Todo depende de la firma de un médico, que me observa desde una cámara panóptica.
Las horas se desvanecen como castillos de arena barridos por las olas.
Escucho fuertes golpes.
Las paredes retumban.
El techo parece se mueve como esperma de megalodonte en una poza de agua totalmente transparente.
Embelesamiento.
El suelo se abre en dos y salgo de la abstracción.
–¡Mierda! –comienzo a gritar–, ¡socorro, que alguien me saque de aquí!
Una boca de simetría octogonal repleta de dientes, semejantes a aguijones de escorpión prehistórico, surge de las profundidades entre encías de ámbar negro. Rezuma un líquido viscoso y resbaladizo.
–¡Socorro, joder! –nadie contesta.
Tentáculo o lengua, no lo sé, pero acaba de agarrarme y tira hacia ese cono infinito.
Asfixia, sólo puedo contemplar ese futuro inmediato.
Me precipito.
No hay vuelta atrás.
–¡HIJOS DE PUTA! –y de la nada aparecen tres espectros acromáticos.
Uno de ellos mece el cuerpo decapitado del monito de Kubin.
–Pinchadle, ya son las seis –dice uno de ellos.
Y todo desaparece.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
PD: Quisiera informar que, en las normas puse 200 palabras. Todos lo habéis respetado, salvo una persona que se ha pasado por poco. Dejo a decisión de los lectores el penalizar a esta obra, o no.
Que empiecen las votaciones. A repartir 4 puntos entre los relatos que prefiráis, como deseeis distribuir los puntos es cosa vuestra, no tenéis porque gastarlos todos.
Disfrutad.


